Guía Episodios

Introducción

Acto 1

Acto 2

Acto 3

Acto 4



ACTO TERCERO

 

ABRE DE NEGRO:

 

EXT. JARDÍN AMURALLADO - DÍA

 

Vemos un gran jardín amurallado. El suelo es de textura arenosa y llano, y la pared tiene una altura aproximada de diez pies, hecha de grandes piedras de color gris. Al rededor, hay parejas de soldados con distintas armas: espadas, bastones, jabalinas y hachas.

 

En mitad del patio, a un lado de la pared, hay una plataforma de observación con peldaños a cada lado y una campana colgando de un poste. En lo alto de la plataforma se encuentran varios soldados con vestimentas más adornadas que los soldados del suelo.  Parecen ser los líderes.

 

Al final del patio hay una gran puerta de madera. Ésta se abre y entra Xena, seguida de Lancelot. Lancelot no parece feliz, y Xena tiene una expresión impasible en su rostro mientras sus ojos escudriñan a su alrededor, observando la escena frente a ella.

 

XENA

Excelente organización.

 

LANCELOT

(orgullosamente)

Al rey Uther y a Arturo se les

ocurrió está práctica formación.

 

Xena se detiene junto a la pared y se apoya contra ésta con una postura despreocupada. Lancelot también se detiene, pero lejos de la pared y en una pose más rígida, fuera del alcance de Xena. Por la forma en que se miran y sus expresiones faciales, se deduce que esta pareja no se lleva muy bien.

 

XENA

Díme.

¿Cómo es el entrenamiento aquí?

 

 

LANCELOT

Los hombres empiezan en grupos de ocho,

distribuidos en cuatro parejas. Los ganadores

de esas series se emparejan dos a dos,

y los ganadores de esa ronda, se enfrentan

para determinar al ganador de ese grupo.

 

XENA

Déjame adivinar, de ahí luego forman grupos de

ocho con todos los ganadores, y comienzan de nuevo.

Continúan hasta que quede un solo ganador.

El ganador obtiene algún privilegio especial.

 

LANCELOT

(sorprendido)

Bueno, sí, en realidad así es.

¿Como lo has...?

 

XENA

He capitaneado ejércitos antes.

Yo misma use este mismo sistema.

 

LANCELOT

(irritado)

¿Y que recibieron tus ganadores?

 

XENA

(rotundamente)

El seguir con vida.

 

Los ojos de Lancelot se abren completamente, y Xena sonríe con malicia.

 

XENA

(continúa)

Caíste. En realidad, ellos podían sentarse

a mi lado izquierdo durante la cena, y obtenían

el primer lugar en la fila para comer.

 

Su expresión se torna afligida por un momento.

 

XENA

(continúa, suavemente)

Algunos de los perdedores

no lograron sobrevivir.

 

La pena desaparece de su rostro y se aleja decidida de la pared. Se mueve hacia el centro del campo, trepando a la plataforma. Lancelot la sigue, trotando rápidamente tras ella para mantener el paso.  Xena da una palmada a uno de los hombres en la espalda, que se vuelve con cara contrariada hasta que ve quién es. Luego él pide bruscamente atención, sosteniendo un megáfono a su lado.

 

SOLDADO

A su servicio, mi Reina.

 

XENA

No soy tu Reina.

Pero necesito eso.

 

 

Ella toma el megáfono y se dirige hacia el borde de la plataforma, tocando la campana para llamar la atención de los hombres.

 

Xena grita por el megáfono.

 

XENA

(continúa)

Muy bien. ¡Escúchenme! Agrúpense en

regimientos en frente de la plataforma.

 

Ella espera, asintiendo en aprobación mientras los hombres se forman en ordenadas filas por rangos frente a ella.

 

XENA

(continúa)

Muy bien. Como todos deben saber bien,

yo tome posesión de ésta...

 

Ella sostiene a Excálibur.

 

XENA

(continúa)

... anoche. Antes de aceptar dirigir este

ejército, necesito ver de que estáis hechos.

Quiero que terminéis vuestras rondas

hasta que queden los ocho ganadores.

Luego envíen a los ocho ganadores por aquí.

Yo me enfrentaré a todos ellos. Uno por uno.

 

Los hombres murmuran entre ellos, y la palabra "Excálibur" se escucha con fuerza entre los murmullos. Muchos de los hombres parecen asustados, y observan a Xena con gran turbación.

 

LANCELOT
(agitadamente, a Xena)

Escúchame. Muchos de los hombres han oído hablar

de Excálibur durante años, a pesar que solo unos cuantos

la han visto. Su leyenda es grande. Tú los tienes

aterrorizados. Si estas intentando probar algo,

pelea conmigo. Además de Arturo, yo soy quien más

victorias tiene en estos entrenamientos, sin mencionar

los juegos en los que participamos una vez al año.

 

Xena se da la vuelta y lo enfrenta, echándole una mirada de arriba a abajo. Finalmente, ella se para en su sitio y lo mira fijamente muy de cerca.

 

XENA

No estoy tratando de probar nada. Si voy a

dirigir a estos hombres, necesito ver

por mí misma su fuerza y debilidades.

 

Ella retrocede hacia una de las esquinas de la plataforma, hondeando la espada un par de veces.

 

XENA

(continúa)

Sin embargo, antes de pelear con

ellos, acepto tu reto.

 

 

Ella mira a su alrededor hacia los campeones en la plataforma.

 

XENA

(continúa)

Despejen este espacio.

¡Ahora!

 

Los campeones bajan por los escalones, tomando posiciones en frente de sus respectivos regimientos. Todos los hombres miran hacia la plataforma con grandes expectativas, donde Xena y Lancelot se observan.

 

LANCELOT

(sarcásticamente)

Empecemos, mi Dama.

 

Saca su espada y Xena y él empiezan a moverse en círculos. Xena, en su acostumbrado estilo de pelea, con una sonrisa en el rostro y un brillo especial en los ojos, mantiene un brazo en dirección a Lancelot, mientras que con la otra mano sostiene a Excálibur, lista para atacar.

 

XENA

(socarrona)

¿Vas a pelear o a bailar?

 

El rostro de Lancelot se oscurece de ira y lanza la primera estocada en dirección del pecho de Xena, que con facilidad detiene el golpe, casi desarmándolo.

 

XENA

(continúa)

¿Tú eres el mejor?

Tenemos problemas entonces.

 

El enojo de Lancelot es mayor, su rostro se torna en una mascara de profunda concentración. Se enzarza con ella en una serie de rápidas estocadas, las cuales siguen siendo fácilmente paradas por Xena. Finalmente, Lancelot deja de probarla y la lucha empieza, mientras las espadas se entrechocan una y otra vez. Xena parece al principio casi aburrida, permitiendo a Lancelot acorralarla contra la plataforma. Después de unas cuantas estocadas más, ella de repente salta dando una espectacular vuelta de campana y, aterrizando detrás de él, le toca ligeramente en el hombro con la punta de Excálibur. Él se vuelve presto.

 

XENA

(continúa)

El juego término Lancelot.

 

 

Esta vez es ella quien ataca, obligándolo a girar cada vez más forzadamente para intentar defenderse. Él no parece saber qué golpe vendrá a continuación, ya que a veces da mandobles sobre su cabeza, otras desde los lados, y otras hacia sus rodillas o tobillos, haciéndolo brincar para evitar ser herido. Su espada se mueve de manera tan precisa que es casi invisible, y lo único que atina a hacer es tratar de detener las estocadas.

 

LANCELOT

(respirando pesadamente)

Tú no eres una dama.

 

XENA

¿Qué fue lo primero que te dio la idea?

 

Ella gira golpeándole en el abdomen con el empuñadura de la espada; entonces vuelve a girar, esta vez hacia atrás pateándole ligeramente. Con Excálibur ejecuta un remolino contra la espada de él hasta desarmarlo. La espada sale volando sobre la plataforma y ella lo acorrala en una esquina del enrejado, forzándolo a retroceder mientras le coloca a Excálibur contra la garganta.

 

XENA

(continúa, burlona)

Por lo que veo

mi trabajo aquí está hecho.

 

Se aleja dándole la espalda y coloca a Excálibur en su cinturón, mirándola con nuevos ojos. Lancelot se pone en pie frotándose el cuello, aunque en realidad ella ni lo rozó. La mira fijamente mientras endereza su armadura.

 

LANCELOT

(desafiante)

Todos saben que Excálibur

está encantada. Apuesto que

 sin ella no podrías ganar fácilmente.

 

Xena se queda inmóvil y lentamente se vuelve, encarándolo con una expresión helada en el rostro. Saca a Excálibur de su cinturón, la tira a un lado con descuido y saca su propia espada.

XENA

Acepto la apuesta.

 

 

Ella camina hacia la espada de él, tirada en el suelo, y con un leve toque de su pie a la empuñadura, la espada sale disparada; Xena la toma y la lanza contra Lancelot tan rápido que él apenas tiene tiempo de atraparla, haciendo malabarismos antes de sostenerla con firmeza en su mano. El parece bastante sorprendido por un momento, antes de recuperarse y plantarse frente a ella, mientras nosotros...

 

CORTE A:

 

INT. ENTRADA PRINCIPAL CASTILLO - DÍA

 

Gabrielle entra en la cámara seguida de Arturo y un par de sus hombres. Ellos se pierden por ahí conversando. Gabrielle camina alrededor de la habitación, estudiando algunos tapices de la pared. Arturo está a su lado.

 

GABRIELLE

Son realmente espléndidos

 

ARTURO

Gracias. Han pertenecido a

mi familia por generaciones

 

Él mira a su alrededor.

 

ARTURO

 Seguimos esperando a Galahad y algunos

de los otros. ¿Puedo ofrecerte algo, Dama Gabrielle?

¿Agua o vino quizá?

 

GABRIELLE

 Puedes llamarme sólo Gabrielle.

Y no, gracias. Xena y yo acabamos

de desayunar. Mis mejores

elogios para tu cocinero.

 

ARTURO

(asiente complacido)

Gracias, me asegurare

de hacérselo saber. Él...

 

Arturo hace una pausa y mira en la dirección por donde aparece Galahad. Las piezas de la armadura que viste, están pulidas como espejos. Su cabello es largo y rubio brillante, y su camisa es de un blanco prístino, perfectamente fajada a sus pantaloncillos. Podría decirse que prácticamente resplandece.

 

ARTURO
(continúa)

¡Ah, Galahad! Discúlpame por

un momento, Da... Gabrielle.

 

GABRIELLE

Claro.

 

 

Mientras Arturo saluda a Galahad no lejos de ella, Gabrielle se mueve hacia la mesa, donde yace un cáliz iluminado por una antorcha. La mesa está cubierta por un terciopelo rojo, y el cáliz es lo único sobre la misma. La copa esta tallada en madera oscura, con unos ribetes en su borde.

 

GABRIELLE

(continúa)

Mmmmm. Me pregunto porqué esto

está dispuesto en un lugar tan especial.

 

Levanta el cáliz dejando escapar un suave gemido cuando éste se convierte en oro en su mano. Con expresión cauta, se asoma al interior. Al principio solo se ve una especie de neblina oscura, pero gradualmente se esclarece mostrando escenas tan hermosas que quitan el aliento, reflejadas en el ahora interior dorado del cáliz.

 

Al otro lado de la habitación, Galahad y Arturo conversan y gesticulan. Cuando Galahad ve a Gabrielle, deja de hablar repentinamente, haciendo a un lado a Arturo.

 

GALAHAD

El Grial. ¡No!

 

Él corre a través de la habitación, agitando sus brazos bruscamente.

 

GALAHAD

(continúa, desesperado)

Mi Dama, debe soltar

eso. Es sagrado.

 

Gabrielle se da la vuelta para verlo, con expresión llena de serenidad. Ella mueve la cabeza, mientras aún tiene el vaso en sus manos.

 

GABRIELLE

¿Perdón? Lo siento,

¿dijiste algo?

 

Galahad continúa haciendo gestos, su cara se está poniendo de color rojo.

 

GALAHAD

El grial. Suéltala

ahora, por favor.

 

GABRIELLE

¿Grial?

 

Ella mira la copa en sus manos.

 

GABRIELLE

(continúa)

¿Te refieres a esto?

 

La agita con indiferencia, y Galahad asiente firmemente, extendiendo sus manos como si tuviese que atraparla en caso de que a ella se le cayese.

 

GABRIELLE

(continúa)

Es una de las cosas más hermosas

que he visto. Cuando miré dentro de él...

 

 

Ella mueve la cabeza, sin encontrar las palabras.

 

GABRIELLE

(continúa)

En casa, me llaman bardo, pero no

hay palabras para describir lo que acabo de ver.

Fue una cosa de tanta belleza que me llenó

los ojos de lágrimas. Discúlpame si no

debía tocarlo. Es mágico.

Debe ser de Merlín. Aquí...

 

Ella lo coloca con delicadeza el lugar donde estaba antes. Cuando Gabrielle le da la espalda, se convierte en madera nuevamente. Galahad no tiene palabras. Sus ojos están abiertos como platos, y parece como si estuviera a punto de explotar.

 

GABRIELLE

(continúa)

Me disculpo. Vamos.

Únete a nosotros en la mesa. Comenzaremos

nuestra reunión muy pronto.

 

Ella le sonríe inocentemente y le acaricia el brazo antes de dirigirse hacia la mesa. Galahad extiende lentamente su temblorosa mano hasta tomar la copa. Él espera ansioso, pero no pasa nada. Luego mira cuidadosamente el interior de la copa, pero lo único que ve es el interior de una copa vieja y muy usada. La pone de nuevo en su sitio y se cubre el rostro con sus manos por un momento.

 

GALAHAD
(susurrando)

No. Era mío.

 

Está a punto de llorar, cuando Arturo se dirige a él.

 

ARTURO

Galahad, te ves pálido.

 

Tanto la voz como las manos de Galahad están temblando.

 

GALAHAD

El grial... Ella lo tocó. Tuvo visiones.

Me he estado preparando durante meses

desde que fue recobrado. He ayunado y

orado, esperando la señal de que era mi momento

para tocarlo, para mirar dentro de él y ver sus

grandes misterios. Ahora todo está... perdido.

 

ARTURO

(riendo)

Vamos, Galahad. Tú no puedes

creer en esos mitos antiguos.

Quizá ella sólo exageraba. Es sólo una

vieja copa de madera. Tal vez ahora puedas

seguir adelante, y concentrarte en la batalla.

Nos preparamos para reunirnos.

Ven cuando estés listo.

 

Arturo le da una palmada en el hombro y se dirige hacia la mesa.

 

GALAHAD

(llorando en voz baja)

Pero... Pero se convirtió en oro.

 

En la mesa, Arturo y varios hombres se están sentando. Gabrielle ve una silla, bastante adornada, y cubierta de un satén brillante. Arturo se sienta en la silla de al lado.

 

GABRIELLE

(a ella misma)

Me imagino que ésta es para el jefe,

y ya que Xena no está aquí...

 

Ella se sienta en la silla y alza la vista mientras todos los que están en la mesa se quedan boquiabiertos por la impresión.

 

GABRIELLE

(continúa, confundida)

¿Qué pasa?

 

 

Uno de los soldados al otro lado de la mesa susurra al oído al que está a su lado, fuera del alcance de Gabrielle.

 

PRIMER SOLDADO

Se ha sentado en la Silla

Perilous, y aún vive.

 

SEGUNDO SOLDADO

Pensaba que Galahad tenía

el corazón más puro de Camelot. Parece que

alguien acaba de tomar su lugar.

 

PRIMER SOLDADO

(sonriendo)

Verdaderamente sí.

 

Se recuesta en la silla, cruzando sus brazos sobre su pecho.

 

PRIMER SOLDADO

(continúa)

Ya estaba cansado de su actitud de

“Señor Soy Tan Bueno”. Me alegro por la Dama.

 

Éste inclina la cabeza en honor a Gabrielle quien, como no escuchó lo que dijo, simplemente sonríe e inclina la cabeza también. Luego Gabrielle mira a Arturo.

 

GABRIELLE

¿Me perdí algo?

 

Arturo echa una mirada a Galahad.

 

ARTURO

Ah.  No. Todo

está bien, Gabrielle.

 

Galahad levanta su mirada en ese momento, gritando con indignación.

 

GALAHAD

¡Mi silla!

 

Corre hacia la mesa, deteniéndose justo frente a Gabrielle.

 

GABRIELLE

Lo siento. ¿Es esta

 tu silla?  Me puedo mover.

 

Comienza a levantarse, pero Arturo la detiene.

 

ARTURO

No. De verdad. Galahad

puede escoger otra silla.

 

GABRIELLE

No hay problema. Solamente....

 

Galahad se acerca cuidadosamente para tocar un adorno en el brazo de la silla y salta hacia atrás mientras sacude su mano, como si hubiese recibido una descarga eléctrica.

 

GALAHAD

¡Ahhhhhhh!

 

Trata de tocarlo otra vez, con los mismos resultados. Da un paso atrás y mira a Gabrielle con horror y entonces, gritando como un enloquecido, sale huyendo de la habitación.

 

GALAHAD

(Continúa)

¡¡¡¡Noooooooo!!!!

 

GABRIELLE

(Murmurando)

Diantre. Es solo una silla.

 

 

Sacude la cabeza mientras lo observa marcharse, y entonces vuelve hacia la mesa como si no hubiese sucedido nada insólito.

 

GABRIELLE

(Continúa)

Deseaba conocerte, Arturo; y a

tus altamente cualificados hombres. En este momento

Xena está con tu ejército y yo hablo en su nombre.

Antes de que Xena viniera aquí, cuando

pensabas que ibas a gobernar Camelot,

¿cuál era tu sueño para tu pueblo?

 

Arturo da la impresión de haber sido sorprendido y descansa la barbilla sobre su mano durante un momento, perdido en sus propios pensamientos. Finalmente, la mira directamente a los ojos.