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ACTO CUARTO
ABRE DE NEGRO:
INT. VESTIDOR DE LIRA – POR LA MAÑANA
Lira parece mirar dubitativamente su cuerpo, ahora cubierto por un atractivo, aunque ligeramente gastado, vestido.
LIRA No estoy segura, Afar.
AFRODITA Yo sí. Estás absolutamente deliciosa con ese vestido. Cuando los muchachos te vean, van a tener que recoger sus ojos del suelo.
Lira trata de contener la risa ante la imagen. Después se serena.
LIRA Aún no estoy segura.
Afrodita pone una mano sobre su hombro.
AFRODITA Caramelito, ¿cómo podrán apreciar tu belleza si la ocultas todo el tiempo? Aquellos trapos negros que llevabas podrían espantar a cualquiera. Confía en mí, estás fabulosa. No podría mentirte. Lo prometo.
Después de un momento, Lira asiente.
LIRA Bien. Estoy lista.
AFRODITA ¡Estupendo! Ahora recuerda, ojos vivos, la barbilla alta, hombros atrás, pecho fuera. Eres una hermosa, y atrevida mujer. Deja que todos los demás vean el cambio, ¿de acuerdo?
LIRA De acuerdo.
Sonriendo, Afrodita abre la puerta del vestidor y saca a Lira de la habitación.
CORTE A:
INT. TABERNA – POR LA MAÑANA
Xena y Gabrielle, que han pasado la mayor parte de las horas crepusculares fortificando el perímetro y preparando a los futuros combatientes, están a punto de salir otra vez cuando la puerta se abre y Afrodita mete a Lira en el cuarto. Los ojos de Gabrielle se agrandan por la sorpresa y la consideración. Incluso Xena mira impresionada.
Confiando en la promesa de Afrodita, los hombres del cuarto lanzan miradas de admiración y elogio a la joven mujer, haciendo crecer su sonrisa y su confianza.
Al ver a Xena y Gabriela, Afrodita se encamina hacia ellas.
GABRIELLE ¡Afrodita! ¡Está maravillosa!
AFRODITA (orgullosamente) Cierto, ¿verdad?
GABRIELLE ¿Qué hiciste?
AFRODITA (improvisadamente) Oh, un poco de esto, un poco de aquello. Ya sabes, conversaciones de mujeres.
Mira a Xena.
AFRODITA (continúa) Tal vez tú no lo entenderías.
Xena sonríe y Gabrielle se ríe. Todas miran como Lira hace sus quehaceres con la confianza y la postura que solía tener antes del ataque en el que perdió a su hermano.
GABRIELLE No puedo creerlo. No parece ser la misma mujer de antes.
Afrodita sonríe y lanza a Gabrielle una mirada profunda.
AFRODITA A veces sólo necesitas a una amiga para encontrar tu camino, ¿verdad?
Gabrielle sonríe, luego se pone seria cuando Falin abre la puerta y entra con un grupo de amigos. Las tres observan cómo los hombres primero miran a Lira con asombro y, luego, uno a uno, se sientan en la mesa de siempre, sin hacer ningún comentario.
Lira toma aquel rechazo tan humillante muy bien, y continúa haciendo sus quehaceres con orgullo y confianza.
Afrodita, por otro lado, está devastada.
AFRODITA ¡No lo entiendo! ¿Qué pasó?
XENA El idota tiene la cabeza dura como una piedra.
Meneando la cabeza, Xena sale de la taberna. Gabrielle pone su brazo brevemente alrededor de la cintura de Afrodita y le da un pequeño abrazo para consolarla.
AFRODITA ¡Qué perdedor! Un cambio de imagen cortesía de la Diosa del Amor, y él la ignora.
GABRIELLE Tal vez, pero mira.
Siguiendo la dirección que le indica Gabrielle, Afrodita observa a Lira seguir con sus quehaceres, intercambiando cosas amigablemente, riéndose y actuando con mucha confianza con los clientes. Dándose cuenta de que Afrodita la está contemplando, Lira la mira, toma un poco de su pelo y lo pone detrás de su oreja, y sonríe, en sus ojos se puede ver una felicidad que no se había visto en ella en años.
GABRIELLE (continúa) Lo hiciste bien Afrodita.
Alegre, Afrodita cruza los brazos sobre el pecho y continúa mirando.
CORTE A:
EXT. PUEBLO - JUSTO ANTES DEL MEDIODÍA
El sol cae directamente sobre el pueblo, y la gente permanece en silencio y esperando. Espadachines y guerreros que utilizan el cayado para pelear se esconden detrás de montones de paja, mientras los arqueros están escondidos detrás de carretas, todos esperando la señal de Xena. Xena y Gabrielle se han separado. Xena está a la izquierda de la puerta y Gabrielle a la derecha. Mirando por encima de la barricada, Xena puede ver como se levanta el polvo por las pisadas de caballos muy poderosos.
Xena levanta un brazo. Gabrielle hace lo mismo.
XENA (amablemente) Quietos...quietos...
Los caballos ya se pueden escuchar, y mientras los guerreros comienzan a ver, Xena se da cuenta de que el grupo se acerca más a cincuenta que a veinte. Ella mira a Gabrielle, quien asiente.
XENA (continúa) Quietos... quedaos quietos...
Los guerreros se esparcen, y comienzan a pasar por la puerta de la cuidad.
XENA (continúa) ¡¡¡AHORA!!!
Por ambos lados de la puerta de la ciudad, salen de sus escondites arqueros que comienzan a lanzar flechas. Se escuchan gritos de hombres y de caballos. Xena lanza su chakram, el cual vuela por el aire hiriendo a cinco hombres antes de regresar a su mano.
GABRIELLE ¡¡¡AHORA!!!
El segundo grupo de arqueros se levanta y comienzan a lanzar flechas también. Más hombres y caballos caen. El resto del grupo, casi cuarenta hombres, sigue hacia adelante. Los caballos gritan mientras sus frágiles patas entran en contacto con lanzas puntiagudas. Asustados y doloridos, tiran a sus jinetes, formando un tapón en la puerta.
XENA Espadachines, ¡adelante!
Cuando el primer atacante logra entrar, los espadachines lo atacan y lo vencen rápidamente. Más hombres logran entrar por la puerta de la ciudad, sus destrezas son superiores y pronto logran que la batalla esté a su favor.
GABRIELLE Gente con cayados, ¡adelante!
Con su propio cayado, Gabrielle también entra en la batalla, derrotando hombres con facilidad. Viendo su ejemplo, las otras mujeres atacan con confianza, golpeando a los hombres que entran por la puerta de la ciudad.
CORTE A:
EXT. CAMPO DE BATALLA – DÍA - PDV DE XENA
La espalda contra una carreta en el suelo, Xena ataca a seis hombres en un semicírculo a su alrededor. Se defiende fácilmente de sus maniobras torpes, luego, deliberadamente, deja espacio libre para que el hombre de frente la mate. Cuando él cae en la trampa, le quita su espada e introduce la de ella en su estómago. Los otros se le tiran encima, tirándola al suelo. Ella se los quita de encima, golpeándolos en el estómago y en las piernas.
CORTE A:
EXT. CAMPO DE BATALLA – DÍA - PDV DE GABRIELLE
En el caos de la batalla, Gabrielle usa su cayado con estilo, moviéndolo tan rápido que logra hacer que uno de los enemigos se maree, lo que le permite golpearlo en la mandíbula. Cae como una losa y se queda en el suelo. Usando su cayado, golpea a un segundo hombre en las piernas, observa cómo éste le cae encima a otro, derrotando a los dos por el momento.
Dando la vuelta, busca a otro enemigo, y se dirige donde dos mujeres están tratando de pelear con cinco hombres.
CORTE A:
INT. HOSPITAL - DÍA
Traen a los primeros heridos con moratones, cortaduras y sangrando. Una anciana curandera está dando instrucciones sobre cómo acomodar a los pacientes. Lira comienza a trabajar al instante. Afrodita, con los ojos muy abiertos de asombro, se queda a un lado observando.
LIRA ¿Afar?
Afrodita continúa mirando a un hombre que grita en agonía, su pierna está rota en varios lugares y hay sangre brotando de un agujero en su costado.
LIRA ¡Afar! ¡Reacciona! ¡Necesitamos ayuda!
AFRODITA Yo....
LIRA ¡Apresúrate!
Parpadeando,
Afrodita sacude levemente su cabeza y mordiéndose el labio, camina hacia el
frente con paso vacilante.
AFRODITA ¿Q-qué puedo hacer?
LIRA Presiona fuertemente. Necesitamos detener la hemorragia, y yo no puedo con esta mano.
Parpadeando,
Afrodita lentamente extiende su mano, toca la tela empapada de sangre, la
retira, luego vuelve a tocarla.
LIRA Bien. Eso está bien. Presiona un poco más fuerte. Eso es.
AFRODITA (murmurando) Sangre. Repugnante.
LIRA ¿Disculpa?
AFRODITA Nada. Estoy bien... eso creo.
Lira sonríe.
LIRA Lo estás haciendo bien.
CORTE A:
EXT. CAMPO DE BATALLA - DÍA
Xena y Gabrielle pelean codo a codo.
XENA ¿Ya te estás divirtiendo?
Estrella la empuñadura de su espada en la cara de su atacante, reordenándole los dientes, luego aleja a otro de un golpe con un gancho a la mandíbula.
GABRIELLE ¡Un montón!
Golpea en el rostro a un hombre, con la base de su cayado en el estómago de otro, y un golpe con el arma sobre su hombre a la cabeza de un tercero.
CORTE A:
INT. ENFERMERÍA - DÍA
A Falin lo llevan dos cargadores de literas. Está consciente, pero sangrando profusamente de un corte en su muslo. El curandero llama por señas y Lira se aproxima rápidamente, llevando varias tiras de tela sujetas en su pecho. Afrodita parece agotada, y observa con interés desde donde se encuentra en una cama cercana, poniendo un pañuelo fresco en la cabeza de una mujer con fiebre.
CURANDERA Lavadle lo más que podáis la sangre. Necesito saber cómo está la herida.
LIRA Sí, Hester.
Abriendo sus ojos, Falin observa a la mujer que delicadamente limpia la sangre de la herida. Sus ojos se encuentran. Lira sonríe. Falin deliberadamente vuelve la vista.
El corazón de Afrodita se encoge por el rechazo tan obvio, pero se hincha por la dignidad que despliega Lira al cuidar del hombre.
Un instante después, Lira se aparte, permitiendo que la curandera trabaje. Afrodita se levanta de su posición en el suelo y camina hacia Lira, poniendo una mano en su hombro.
AFRODITA (quedamente) Eres una mujer con clase.
Lira se ríe en silencio para no molestar a los pacientes.
LIRA Gracias. (pausa) Tú me ayudaste a ver cosas en mí que creí había perdido para siempre. No se cómo podré darte las gracias.
AFRODITA (sonriendo) Olvídalo. Es lo que hacen los amigos, ¿verdad?
La sonrisa de Lira se hace más amplia.
LIRA Claro, amiga.
Comparten un rápido abrazo.
AFRODITA Ahora, si no te molesta, comprobaré cómo están las cosas afuera.
LIRA Por favor, ten cuidado.
AFRODITA Cuenta con ello. ¡Hasta luego!
CORTE A:
EXT. CAMPO DE BATALLA - DÍA
La batalla está por terminar. Muchos de los invasores han muerto o están incapacitados en el suelo sangriento. Sin embargo otros han optado por huir. Xena combate con un grupo de cinco hombres a su manera, peleando con espada, pies y puños.
Gabrielle, por el otro lado, no lo está haciendo tan bien. Agachada sobre una mujer caída, con una mano trata de detener la hemorragia que proviene del abdomen mientras que con la otra pelea con dos guerreros sosteniendo un sai.
Afligida, Afrodita busca una manera de ayudar a su amiga. Viendo una piedra que tiene a mano, la toma y la lanza contra el soldado. Por ser Afrodita, el tiro no es muy fuerte, y el soldado se da cuenta lo suficiente para lanzarle una mirada en que promete que ella será la siguiente, antes de continuar con su ataque a Gabrielle.
En el momento en que a Gabrielle le arrancan el último sai, Afrodita se desespera. Mirando a su alrededor para cerciorarse de que no la observan, hace la única cosa que se le ocurre. Moviendo discretamente los dedos de sus manos, arroja centellas rosadas y plateadas hacia los dos guerreros.
Soltando sus espadas, se levantan, se observan entre ellos, y se comienzan a besar apasionadamente mientras que Gabrielle sin habla los observa.
Después de un momento, observa sobre su hombro, con una mirada incrédula, a Afrodita, que se la devuelve con una tímida sonrisa.
AFRODITA No importa si uso mi hechizo de amor sobre los malos, ¿verdad?
Gabrielle sólo puede reírse mientras se levanta de un salto y fácilmente levanta a la mujer. Afrodita corre hacia ella y ayuda a Gabrielle a estabilizar a la mujer cuya herida parece peor de lo que es.
GABRIELLE Eres increíble. Salvaste nuestras vidas. Lo sabes, ¿verdad?
AFRODITA Sí, sí, Soy una completa heroína. Ahora, llevémosla dentro.
Antes de que puedan moverse, una fuerte aclamación se acerca mientras Xena persigue al último de los asaltantes de la ciudad... excepto por los dos que todavía se besan.
GABRIELLE (suavemente) Hum… ¿no sería mejor separarlos ya?
AFRODITA ¡Claro!
Otro meneo de sus dedos y los hombres inmediatamente se separan, se miran fijamente el uno al otro, y con cuidado se distancian. Entonces, recordando que se supone que están en una batalla, se doblan para recuperar sus espadas. Al que Afrodita golpeó con la roca, la observa y gruñe, pataleando hacia adelante.
Hasta Xena pasea en frente de él, blandiendo su propia espada y una risa bastante fría para dejarlo congelado.
Firme, se acerca el resto de la ciudad.
Los hombres tragan y dejan caer sus espadas otra vez.
XENA Chicos inteligentes. (pausa) Si queréis ”respirar”, haréis algo por mí.
Ambos hombres asienten.
XENA (continúa) Quiero que volváis con vuestro maestro como buenos cachorros, y entreguéis un mensaje por mí. ¿Soy clara hasta ahora?
Ambos hombres asienten otra vez.
XENA (continúa) Bueno. Decidle que Xena le envía sus saludos, y que si quiere ver algo más que titos de aceituna como tributo, traerá su burro aquí antes de que el sol se ponga esta noche. | |||||