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ACTO SEGUNDO
ABRE DE NEGRO:
EXT. PATIO DE LA POSADA- TARDE
Los comensales han cambiado, pero el ambiente sigue siendo el mismo. Armoniosos sonidos de la música de un arpa flotan dulcemente en el aire para mezclarse con los sonidos de la apagada conversación y de los cubiertos sobre la vajilla de porcelana.
Xena y Gabrielle, recién lavadas y mirando mucho más relajadas, se sientan en una mesa en un tranquilo rincón, bajo un candelabro de pared, parpadeante, en donde la danzante luz baña sus rostros. Un hombre vestido impecablemente se acerca a su mesa y extiende la comida y bebida con profesional aplomo.
Tras terminar su tarea, el camarero sonríe, hace una pequeña reverencia y las deja en calma intimidad.
Gabrielle inmediatamente asume la situación, luego girar sus ojos de puro placer.
GABRIELLE (gimiendo) Oh Xena, esto es los Campo Elíseos.
Xena prueba un poco de lo que hay en su plato.
XENA Está bueno.
Gabrielle la mira.
Xena sonríe tontamente.
Ellas se adentran en un confortable silencio para disfrutan del banquete que acaba de ser servido.
FUNDE A:
EXT. PATIO POSADA – ENTRADA LA TARDE
Masticando el último bocado de un postre imponente, Gabrielle se empuja a sí misma ligeramente lejos de la mesa y se inclina hacia atrás, acariciando satisfecha su vientre. Xena la observa.
XENA ¿Estás bien?
GABRIELLE Si estuviera mejor me recogerías del suelo con una cuchara. Xena, ésta ha sido la mejor comida que he comido. ¡Y he comido muchas!
XENA (lacónicamente) No me digas.
GABRIELLE (sonriendo abiertamente) Definitivamente, sí te digo.
Gabrielle permite que sus ojos se cierren. Soñolienta, saciada y complacida, se encuentra yendo a la deriva entre el fluir de la música y la suave conversación que la rodea. En una vida a menudo frenética, sabe dar la bienvenida a los momentos de paz cuando los tiene.
Xena mira hacia ella a través de la mesa con una apacible y cariñosa sonrisa en su cara.
Después, sus ojos captan un movimiento y se gira en esa dirección para ver a Andros, en el lado oeste del pórtico de la posada, mirando a la luna creciente, Tiene el rostro ojeroso y parece diez años más viejo que la primera vez que lo vio.
Con su cara pensativa, Xena se incorpora, bordea la mesa situándose de pie cerca de Gabrielle. Los ojos de Gabrielle se abren. Ella sonríe.
GABRIELLE Hola.
XENA Hola también. Voy a ir a comprobar algo. Quédate exactamente como estabas.
Los ojos de Gabrielle siguen la dirección de la mirada de Xena, encuentra a Andros que todavía mira fijamente al cielo. Ella comienza el gesto de levantarse.
GABRIELLE Voy a...
XENA No. Quiero hablar con él. Tú sólo quédate aquí y relájate. ¿De acuerdo?
Xena aprieta el hombro de Gabrielle. Gabrielle cubre la mano de Xena con la suya y sonríe. Cautivada por la sonrisa, Xena se inclina y le da un suave beso en la mejilla.
GABRIELLE De acuerdo.
XENA Ahora vuelvo.
CORTE A:
EXT. PÓRTICO – NOCHE
Andros está en una oscura esquina, mirando como la luna se eleva sobre las bajas colinas. De repente siente una presencia detrás de él y casi salta fuera de sus sandalias mientras se gira para quedar cara a cara con la mismísima Princesa Guerrera.
ANDROS ¡Oh...! Me sorprendiste. (pausa) ¿Va todo bien? ¿Algo que no te agrade?
XENA Ninguna queja.
ANDROS Oh. Bueno, bien. Me alegra escuchar eso. ¿Hay… algo en que te pueda ayudar?
XENA Podrías empezar por decirme que es lo que tratas de ocultarme.
Los ojos de Andros se abren.
ANDROS no estoy escondiéndote nada.
Xena lentamente se cruza de brazos. Una ceja se levanta.
ANDROS (continúa) Te lo juro.
Él titubea ante Xena, mirándola fijamente.
ANDROS (continúa) Pe… pensamientos privados solamente, como todos los tenemos. Por favor, sólo deseo que disfrutes de tu estancia aquí.
XENA Bueno mira, ahí es donde hay un problema, ahí es donde tengo el problema, Andros. Tú estás escondiendo algo, y eso me está retorciendo las entrañas. Y cuando mis entrañas se retuercen, no me puedo relajar. Y si no me puedo relajar…
Un silencio pesado cae entre ellos hasta que, finalmente, Andros se encorva de hombros.
ANDROS Tú conoces Ikos.
XENA Es una isla cerca de Creta. Un puerto para guerreros, piratas y otras escorias.
ANDROS Mi familia esta ahí.
XENA Unm.
ANDROS Mi esposa y nuestras dos jóvenes Hijas. Fueron capturadas por piratas y transportadas contra de su voluntad.
XENA ¿Qué paso?
De repente, sin energías, Andros se apoya contra uno de los pilares corintios, tocando con su cabeza la frialdad del mármol.
ANDROS Dos meses atrás, empezamos a tener problemas con piratas en este pueblo. Especialmente con uno que dice llamarse Igor el Negro. Normalmente, hasta los peores piratas se mueven limitadamente por las afueras de la ciudad, pero éstos comenzaron a moverse por el interior, amenazando a los ciudadanos y causando un montón de problemas. (pausa) Tenemos una milicia aquí, y son muy buenos en su labor, pero hasta ellos fueron vencidos…
XENA Continúa.
ANDROS Fue entonces cuando mi esposa recibió un mensaje sobre su madre que se encontraba enferma de gravedad. Pensé que lo mejor era enviarlas a ella y a nuestras hijas para que la vieran. Pensé que la mantendría tranquila.
XENA Y no lo hizo.
ANDROS No. Envié a cinco de mis más fieles hombres para que las protegieran. Sólo uno regreso. Casi muerto. Lo habían golpeado, apuñalado, y le ordenaron que me entregara este mensaje.
Buscando dentro de los dobleces de su camisa, Andros saca un sucio, ensangrentado, y muy manoseado pergamino, que entrega a Xena.
Desplegando el pergamino, Xena lee el desastroso mensaje que contiene. Sus ojos se abren ligeramente al ver el monto del rescate. Después de un momento, levanto la mirada, encontrándose con la mirada fija de Andros.
XENA ¿Tú no puedes pagar lo que ellos te están pidiendo?
ANDROS (muy serio) Xena, mi familia es la cosa más preciada en todo el mundo para mí. Yo les pagaría a esas escorias de piratas el mugroso dinero así tuviera que vender todo lo que poseo y robar el resto. No hay nada que no hiciera para asegurarles su regreso. Nada.
XENA ¿Entonces cual es el problema?
ANDROS Entregarlo. No hay ningún capitán que se atreva siquiera a navegar cerca de esa isla, no importa cuánto dinero haya ofrecido. Y aquellos que lo aceptaron, bueno, no volvería a ver el dinero ni a mi familia otra vez.
XENA Entiendo lo que ocurre.
ANDROS Me han dado tres días para darles lo que piden. Compré un pequeño barco, que voy a usar para ir a Ikos. Al menos de esa forma podré estar cerca de ellos, incluso si mi plan no funciona. Es lo único que se me ocurre.
XENA (pensativamente) Tal vez no.
Andros la mira, confundido.
ANDROS ¿Acaso no he entendido algo?
Xena sonríe levemente, simplemente un movimiento rápido de sus labios.
XENA No. Tal vez Gabrielle y yo podemos ayudarte...
ANDROS ¿Qué? No, Xena. No. Yo nunca podría pedirles…
XENA No me lo estás pidiendo. Me estoy ofreciendo.
ANDROS No. No. Gracias, pero no. No hay manera de que yo…
XENA Como ya te dije, me estoy ofreciendo.
Xena sonríe. Es la sonrisa de un depredador; dientes extremadamente blancos y ojos brillantes. Al ver esto, Andros trata de detener un escalofrío que amenaza con subirle por toda su espina.
XENA (continúa) Déjeme hablar con Gabrielle. Te dejaremos saber más en al mañana.
ANDROS Pero…
XENA Buenas noches, Andros.
Y con esto se marcha, dejando a Andros mirándola como se retira, en una mezcla de confusión y, por primera vez, de esperanza.
CORTE A:
EXT. PATIO - NOCHE
Gabrielle observa cómo Xena se dirige a ella, sabiendo, al ver la expresión de su rostro, que algo relevante ha pasado. Gabrielle le sonríe a Xena cuando se acerca a la mesa y se detiene detrás de ella.
GABRIELLE Tardaste más de lo que pensé.
XENA (distraída) ¿Estás lista para subir?
GABRIELLE ¿Me vas a decir de qué hablasteis?
XENA Sí.
GABRIELLE Pues estoy lista.
XENA Entonces vamos.
CORTE A:
INT. DORMITORIO-NOCHE
Vestida con una bata de seda que le proveyó el establecimiento, Gabrielle se sienta en la cama que es muy cómoda. Tiene el cubrecama sobre su falda mientras observa cómo Xena se quita sus armas y su armadura.
Cuando Xena ya se ha quitado todo y está vestida sólo con su ropa de cuero, Gabrielle le indica la cama y Xena acepta la invitación instantáneamente. Se acuesta sobre la amplia cama, y se acomoda al lado de Gabrielle. Sus cuerpos se tocan en complicidad desde los pies a la cabeza.
GABRIELLE Pues, decidme. ¿De qué estabais hablando vosotros dos?
Sonriendo levemente, Xena recuesta su cabeza contra la pared.
XENA La familia de Andros fue secuestrada por una banda de piratas.
Sorprendida, Gabrielle se sienta, girándose para mirar a Xena directamente.
GABRIELLE ¡ Xena, eso es horrible! Todavía... ¿todavía están vivos?
XENA No lo sé. Están cautivas en Ikos. Los piratas piden una recompensa a cambio de ellas.
GABRIELLE Por los dioses. iEse lugar es horrible! Mi padre solía decirnos a Lila y a mí que nos enviaría allí si nos portábamos mal.
Ahora Xena es la sorprendida.
XENA iQué buen padre!
GABRIELLE Pues sí, bien…
Ella encoge los hombros.
GABRIELLE (continúa) ¿Acaso no puede pagar lo que le piden? Parece ser lo suficientemente rico.
XENA Puede permitírselo, pero ése no es el problema.
GABRIELLE ¿Cuál es entonces?
XENA Que nadie de aquí se ha ofrecido a hacerlo. Nadie en quien se pueda confiar, en realidad. Piensa ir mañana, solo.
GABRIELLE ¡Xena, no podemos dejar que lo haga! ¡Es un mercader, no un guerrero! Lo matarán, llevándose el rescate, y su familia morirá igualmente.
XENA Lo sé.
GABRIELLE Bien, supongo que le dijiste que nosotras le ayudaremos, ¿no?
XENA
Gabrielle sonríe ampliamente.
GABRIELLE ¿Y el plan es…?
XENA (sonrisa fingida) ¿Qué te hace pensar que te lo diré?
Gabrielle gira sus ojos, y pica a Xena en el pecho con la punta de un firme dedo.
GABRIELLE Más te vale decírmelo.
XENA ¿O…?
GABRIELLE Xena....
Levantando las manos, Xena se rinde fácilmente.
XENA Hay una ensenada al norte de aquí. Los barcos piratas la usan continuamente para descargar su botín. Detrás, existe un sistema de cuevas que suelen utilizar para almacenar sus cosas hasta que la costa quede libre.
GABRIELLE ¿Y tú sabes eso porque...?
Una ceja se enarca.
XENA Fui pirata alguna vez, ¿Recuerdas?
GABRIELLE (burlonamente) Oh, sí. ¿Cómo pude olvidarlo? ¿Y el plan?
XENA (despreocupadamente) Bueno, pensé en ir allí, mañana por la mañana, inspeccionar la zona y, cuando sea el momento adecuado, secuestramos un barco pirata con su tripulación para zarpar hacia Ikos.
Gabrielle se le queda mirando como si hubiera recibido algunos, muchos golpes con la espada en la cabeza.
GABRIELLE Vamos a secuestrar… un barco pirata.
XENA Um, um.
GABRIELLE Piratas, ¿con garfios en lugar de brazos, estacas de madera como piernas, parches negros donde se supone van los ojos, esos que usan los piratas?
XENA Pues sí.
GABRIELLE ¿Cuchillos entre los dientes, espadas desenvainadas, caminatas sobre la tabla. ¿Esas cosas de piratas?
XENA Mm. Hm.
GABRIELLE Tu y yo. Contra un barco lleno de piratas.
XENA Sip.
Gabrielle termina con una amplia sonrisa.
GABRIELLE ¡Buen plan!
Xena no puede contener más la risa que estaba aguantando y envuelve a Gabrielle en sus brazos.
XENA ¿Te he dicho últimamente cuánto te amo?
Gabrielle finge pensarlo por un momento.
GABRIELLE No lo sé, quizá necesite que me refresques la memoria.
Moviendo ligeramente la cabeza de Gabrielle, Xena baja la suya hasta encontrarse con sus labios, en un beso que rápidamente se torna intenso y apasionado. Cuando por fin se separan, ambas están respirando entrecortadamente.
GABRIELLE (continúa) ¡Uuaau!, tanto así ¿eh?
Xena sonríe maliciosa.
XENA Oh, no. Más, mucho más.
Se sonríen la una a la otra embobadas por un largo rato. Luego...
GABRIELLE ¿Xena?
XENA ¿Sí?
GABRIELLE Si esta va a ser nuestra última noche en tierra firme durante un tiempo...
XENA ¿Sí?
GABRIELLE Hagamos que valga la pena
Sonriendo aún más ampliamente, Xena atrae a Gabrielle contra ella.
XENA (muy bajito) Yo. Jo, jo.
CORTE A:
INT. HABITACIÓN - MAÑANA
Gabrielle entra en la habitación, en los brazos carga una pila de ropa amontonada. Se detiene con los ojos abiertos como platos, de asombro y franca admiración.
Frente a ella se encuentra Xena, enfundada en una vaporosa camisa blanca que se ajusta a sus brazos y pecho, una banda de un rojo brillante anudada a su cintura, y un ajustado pantalón de piel negra. Es una visión para Gabrielle. Una elegante empuñadura de sable cuelga del cinturón que rodea su cintura, un par de cuchillos afianzados en lo alto de sus botas negras de lustrosa piel, su cabello flotando salvaje y libre sobre sus hombros.
GABRIELLE ¡Caray!
Sonriendo complacida, Xena muestra sus manos.
XENA ¿Te gusta?
GABRIELLE Creo que deberías conservarlo después de que esto termine.
XENA Eso piensas ¿eh? | |||||